Las personas me dicen que me he vuelto una renegada, que mi paciencia se pierde rápidamente y que no tolero ni una sola broma. Yo respondo a ellos con una sonrisa cínica y pregunto ¿qué esperan de mí? Si no tolero una broma es porque no me causa gracia, pierdo fácilmente la paciencia porque ahí el problema son los demás, si reniego no es por gusto sino porque hay una causa y si ya no sonrío es porque no me nace hacerlo en esos instantes y...perdón, creo que ya estaba empezando a renegar (respiro tres veces y calma). Por una parte admito mi evidente cambio, acepto que reniego con las personas y que ya no me sociabilizo como antes; sin embargo, yo no veo,hasta ahí, tan grave el problema. Es un reniego sano y efímero...no dura ni unas horas pero acepto que me es difícil volver a sonreir y estabilizarme; aunque lo primero no quiere decir que he perdido totalmente mi sonrisa sino, más bien, los ánimos por reír. No culpo a nadie (de veras, no culpo a nadie) ni mucho menos culpo a algo. Yo diría que es parte de un cambio que incomoda a los demás y me incomoda a mí, intento ser el de antes pero algo me atemoriza a retroceder. Ser el de antes significa volver a los mismos errores, volver al mismo carácter superficial y correr el riesgo de que no te tomen en cuenta, puesto que por lo menos el renegar hace que las personas sepan valorar tus decisiones (o por lo menos la respetan).

No hay comentarios:
Publicar un comentario